La Montserrat García (ja he parlat d'ella alguna vegada) m'ha enviat via mail aquest magnífic article d'en Manuel Rico, que em sembla perfecte per portar-lo al blog.
De neutralidades y delirios
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> *MANUEL RICO* //09/03/2007
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> A principios de los noventa, Alain Touraine, en su libro /¿Qué es la
> democracia?,/ escribió: "En la actualidad vivimos, al menos en Europa,
> en un clima de indiferencia hostil respecto a la vida política y de
> exaltación de la vida privada". Era el tiempo del apoliticismo en auge
> de Berlusconi, del ascenso de Haider en Austria, del reajuste de las
> democracias occidentales tras la caída del muro de Berlín.
>
> Salvando las distancias, de /indiferencia hostil/ podría calificarse
> el enfoque supuestamente /neutral/ con que a veces se analiza el clima
> dominante en España en la actual legislatura. Un enfoque que traslada
> al ciudadano desconfianza hacia la política y hacia sus representantes
> y que justifica, de manera indirecta, una oposición, como la del PP,
> más cerca de la nostalgia autoritaria que de la derecha liberal
> europea. Ése es el mensaje que llega al ciudadano cuando se afirma que
> todos los políticos tienen igual responsabilidad en el irrespirable
> clima de debate en que vivimos o, tal y como escribiera Antonio Muñoz
> Molina no hace mucho, que "de los políticos no se conocen sino sus
> exabruptos verbales" y de los opinadores mediáticos, sus excesos.
> ¿Quiénes practican lo uno y lo otro? No se dice. ¿No hay un solo
> político respetuoso? ¿En ninguna cadena de radio hay un solo
> tertuliano serio, comedido? Con sólo intentar responder a esas
> preguntas, se evidencia lo nefasto que es para el conocimiento aplicar
> la brocha gorda en el análisis.
>
> Para sustentar esa visión generalizadora y catastrofista, se suele
> acudir a argumentos en los que resuenan demasiado ecos de los de
> quienes, ya en el franquismo, descalificaban democracia y política, a
> saber: la perversión de los nacionalismos y sus ambiciones
> geográficas; el afán de las lenguas cooficiales por imponerse; la
> caricaturización de los viajes al exterior de algunos políticos
> regionales (por cierto, casi todas las comunidades tienen oficina de
> representación en Bruselas y existe, en la Unión, un Comité de las
> Regiones); la imposibilidad de utilizar la palabra España y la defensa
> de la Constitución sin ser insultado; el revanchismo en la
> interpretación de la Historia o en la recuperación de la memoria de
> los vencidos. A estos argumentos se añaden, hoy, dos: de un lado, la
> debilidad e ignorancia del Gobierno en relación con ETA, y, de otro,
> la descalificación de quienes consideramos que la crítica al Gobierno,
> desde el progresismo, ha de ser rigurosa, solvente y, sobre todo, no
> confundible con la de quienes apuestan por derribarlo. Tal es el
> catálogo con que, a veces, pontifican intelectuales cuyo discurso
> acaba en la descalificación del Gobierno y en la crítica justificativa
> de la oposición del PP.
>
> Hay un hecho que, aunque sólo sea simbólico, desmiente ese
> argumentario: hoy, con un /Estatut/ que rompía España, la bandera
> constitucional ondea en la sede de la Generalitat por vez primera en
> treinta años. Es un hecho que, además, contrasta con la referencia, en
> abstracto, a excesos territoriales autonómicos y a supuestos vacíos en
> los textos escolares. ¿En qué se ha modificado nuestra realidad
> porque, /además/ de estudiar la geografía de España y de Europa, se
> estudie la geografía de la propia comunidad? En nada: es más, el voto
> independentista, en Euskadi, Cataluña o Galicia no llega al 20% tras
> décadas de estatutos, de radios y televisiones autonómicas, de
> educación transferida. Mostrar casi en peligro de muerte una lengua
> castellana vigorosa, rica y utilizada mayoritariamente en las citadas
> comunidades es, también, catastrofismo: se olvida que en ellas, la
> compra y lectura de libros en castellano gana por goleada a la de
> libros en euskera, catalán o gallego. Y lo mismo cabe afirmar respecto
> a la difusión de la prensa, o de las audiencias de las radios y
> televisiones en una y otras lenguas.
>
> No han de dolernos prendas por criticar al Gobierno por falta de
> información, por exceso de confianza antes del atentado de la T-4,
> pero, ¿cómo acusarle de benevolencia con ETA cuando durante su gestión
> ha habido más detenciones y procesamientos que en el periodo anterior?
> Y, sobre todo, ¿cómo no valorar que su firmeza ha tenido como réplica
> la mentira, la falta de apoyo de quienes hacen de la política
> antiterrorista un arma electoral? No es un problema de avinagramiento
> de la oposición, sino de una meditada estrategia basada en el "todo
> vale" que ha tenido en la respuesta al /caso De Juana/ su más
> irresponsable exponente.
>
> Es evidente que en una situación como la descrita todas las posiciones
> son legítimas. Pero tanto como la que más es la de quienes tenemos el
> convencimiento de que hay una ofensiva en toda regla (y, a veces,
> fuera de regla) contra un Gobierno que ha hecho de la cercanía a los
> ciudadanos, de la serenidad frente al insulto, de la aceptación
> pública del error y de la apuesta por políticas de igualdad sus
> vectores esenciales. Defender al Gobierno no es rebelarse contra los
> que no están en el poder, sino afirmar la democracia. Optar por el
> rigor intelectual y la ética ciudadana. Entre otras razones, porque la
> oposición del "todo vale" no es abstracta, sino muy concreta: para
> entenderlo, no hay más que constatar los silencios de Rajoy cuando se
> le pregunta por la presencia de símbolos y lemas del franquismo o de
> conocidos ultraderechistas en sus manifestaciones. No es una anécdota:
> más allá de la prolongación de la gran mentira construida alrededor
> del 11-M, en estos años hemos asistido a una ofensiva contra el
> Gobierno en temas muy sensibles. No es fácil olvidar cómo el
> pronunciamiento político de un alto mando en la Pascua Militar de 2006
> (algo inconcebible en Europa), fue "entendido" por el PP y utilizado
> contra el Gobierno; tampoco lo es la asociación del /Estatut/ con la
> quiebra de España, ni la negativa a rehabilitar, como concejal de
> Salamanca, a Unamuno, a condenar el franquismo o a reconocer la
> memoria y la razón histórica y jurídica de los vencidos. Igual cabe
> decir del mantenimiento de un Consejo General del Poder Judicial que
> no responde a la mayoría ciudadana expresada en las urnas, de la falta
> de sentido de Estado en la lucha antiterrorista, de la negativa al
> reconocimiento de nuevos derechos o de la conversión de altos órganos
> judiciales, incluyendo el Tribunal Constitucional, en trincheras
> políticas de última instancia.
>
> Estar del lado del Gobierno, incluso reconociendo errores, ante esa
> ofensiva, ¿es reprobable? Más bien parece lo contrario. Y uno no puede
> sino evocar rancios lemas cuando se califica el compromiso de cientos
> de intelectuales como propio de quienes disfrutan de "ventajas del
> poder para situarse a la cabeza de la manifestación". ¿Qué distancia
> existe entre tal afirmación y llamar pesebreros (así lo hizo algún
> responsable del PP) a intelectuales como Ángel González, Caballero
> Bonald, Félix Grande o José Saramago, entre otros, por acudir el
> pasado 13 de enero a la manifestación contra el terrorismo?
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> *Manuel Rico* es escritor.
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