Me hacía una ilusión bárbara. Yo nunca voy a conciertos: no me interesan lo suficiente como para dedicarle el esfuerzo que, necesariamente, requieren. Nadie: ni Serrat ni Sabina, ni ningún otro/a conseguirían hacerme cambiar de opinión. Más, hete aquí que los dos tipos se ponen de acuerdo para hacer una gira conjunta: fantástico, ahora sí me parece que vale la pena el esfuerzo. De acuerdo, vamos.
Compramos las entradas para el concierto en Sant Feliu de Guíxols:

Un precioso pueblo del Ampurdà, en plena Costa Brava.

Por fín, el jueves, nos montamos en el coche rumbo a Sant Feliu: llegamos, aparcamos cerca del campo de futbol (que encontramos sin ningún problema), siguiendo las indicaciones de los amables "seguratas" entramos sin dificultades y nos aposentamos en un magnífico lugar dispuestos a disfrutar, nos lo pasamos fantásticamente bien, salimos, nos montamos en el coche y nos volvimos hacia casita, contentos y satisfechos de la noche que acabábamos de vivir.

Bien, esto es lo que me gustaría haber podido escribir, al relatar la noche del día 2. Pero, desgraciadamente, no ocurrió ninguna de las cosas que más arriba explico. Lo que ocurrió realmente, fué:
Nos montamos en el coche rumbo a S.Feliu, nos encontramos con una caravana cuando faltaban varios kilómetros para llegar al desvío de la autovía para el pueblo. Cuando, a las 10.30 aún no habíamos entrado en el desvío, nos incorporamos a la autovía y salimos por la siguiente salida, que queda al otro lado del pueblo. Así, por dentro del pueblo, llegamos (después de preguntar varias veces) al campo de futbol. (Ya íbamos oyendo el concierto). Pasados unos 10-15 minutos dando vueltas, conseguimos aparcar encima de una acera y, por suerte, no muy lejos del estadio.Nos dirigimos a las ventanillas donde debíamos recoger nuestras entradas compradas por Internet, fueron dirigiendo nuestros pasos en la dirección contraria, de tal forma que dimos una vuelta completa al campo antes de llegar a las taquillas (que estaban muy cerca de donde habíamos aparcado). Nos pusimos en lo que, suponíamos, era la cola para recoger las entradas. Al llegar a la puerta vimos, horror, que era la cola de entrar directamente. Nos encaminamos hacia la ventanilla, pedimos nuestras entradas y nos las entregaron. Entonces pudimos entrar. Eran ya más de las 11 de la noche. Una vez dentro nos detuvo un a modo de muro humano. No se podía pasar. No se veía nada, salvo las espaldas y cabezones de los que teníamos delante. Estuvimos oyendo un ratito de concierto (4 ó 5 canciones) y nos largamos, bastante decepcionados y frustrados, con mal sabor de boca, gracias a una organización sumamente desgraciada.
Mención aparte merecen los seguratas que, supongo que desbordados por los acontecimientos, estaban maleducados, histéricos y gritones.
En dos palabras: UN DESASTRE.