He econtrado esta página web Asociación Española de Pediatría de Atención Primária por casualidad y, entre muchas otras cosas, me ha llamado la atención dos historias de niños. Una viene de África y la otra de Latinoamérica. Son impresionantes y, además, verídicas, lo cual impresiona aún más. Aquí os las dejo:
| EL NIÑO INNOMINADO |
Innominado quiere decir sin nombre. En Manhiça, Mozambique, al igual que en la mayoría de países del África Subsahariana, los niños no se ganan su nombre definitivo hasta que no han demostrado que pueden sobrevivir. Y sobrevivir al primer mes de vida es la tarea más difícil a la que se enfrentarán en sus vidas, ya que el riesgo de morir en el período neonatal (primeros 28 días de vida) es mayor que a cualquier otra edad. Y en Manhiça, de forma similar a lo que ocurre en todo el continente, aproximadamente uno de cada 5 niños muere antes de poder cumplir 5 años, pero una cuarta parte de estas muertes se concentra en el primer mes de vida. Las causas de esta intolerablemente alta mortalidad infantil son prácticamente todas evitables. Contra la malaria, la enfermedad que mata más niños en África, existen tratamientos eficaces, y excelentes métodos de protección como las redes mosquiteras. Contra el Pneumococo o el Haemophilus, bacterias culpables de la mayoría de casos de neumonía y meningitis y de tantísimas otras muertes, existen además de antibióticos eficaces, vacunas que aquí siempre están a punto de llegar, pero no llegan. La salud de África, azotada desde siempre por pandemias recurrentes, está comprometida por una apabullante falta de recursos combinada con un difícil acceso a los escasos centros de salud disponibles. En Mozambique, por poner un ejemplo, más del 60% de la población del país no tiene acceso a ningún tipo de centro sanitario, sea del tipo que sea.
Esta es la historia de un niño llamado Innominado, pero en el fondo es la historia de todos los Innominados que nunca llegaran a tener nombre.

Innominado Manhiça es un niño de 8 meses de edad, sexto hermano de una familia que tiene suerte de contar con los dos padres, Armando y Raquel Manhiça. El Sr. Armando trabaja en las minas de Sudáfrica, y una vez al año vuelve a Mozambique para ver a su familia.
De los cinco hermanos de Innominado, tres murieron antes de llegar al año de vida. Los dos gemelos, que nacieron antes de tiempo y con bajo peso (Raquel tuvo malaria en el séptimo mes de embarazo, y el parto se le adelantó) murieron ambos durante sus primeros días de vida. La hermana mayor, murió a los seis meses de edad por una diarrea que hubiese tenido fácil tratamiento, pero Raquel no llegó a tiempo al puesto de salud porque no tenía dinero para pagar el transporte. Innominado ha tenido más suerte, y su madre ha conseguido, no sin dificultades, traerlo al hospital, dónde se le ha diagnosticado malaria, 5 cruces. Innominado está pálido como el papel, y respira mal y muy rápidamente. Su madre nos cuenta que desde hace dos días ha dejado de mamar, y la hipoglucemia grave que le detectamos nos lo confirma. Le administramos sueros con dextrosa, y sin esperar a los resultados del hematocrito, pedimos una transfusión de sangre urgente, pero desde el banco de sangre nos informan que no tienen de su grupo. Raquel no puede donarle la suya, que es compatible, porque vuelve a estar embarazada. Empezamos a tratarle con antimaláricos, pero poco a poco sus grandes ojos se van enturbiando, e Innominado muere antes de que la única ambulancia del Hospital haya vuelto de su última transferencia.
Raquel se marcha triste, con el cuerpo de su último hijo envuelto en la misma capulana(1) colorida que hasta hace unas horas cubría a su hijo vivo. Tendrá que andar los más de 25 kilómetros que separan su choza del hospital, ya que ningún conductor de chapa(2) querrá llevar un cadáver en su vehículo. Innominado seguirá siendo anónimo entre muchos de los más de 1 millón de niños africanos que cada año mueren de malaria. Pero al menos su historia ya ha sido contada.
Historia enviada por Quique Bassat, pediatra. Trabaja en el Centro de Investigación en Salud de Manhiça, Mozambique, realizando asistencia médica e investigación en malaria y otras enfermedades infecciosas"


HISTORIA DE UNA NIÑA
El Hospital abrió hace dos meses una consulta para asesoría y diagnóstico de VIH-SIDA.
Llega el día mundial del SIDA. Para muchos, será una jornada más. Quizá alguien nos trate de colocar un lacito rojo....

Una mañana se acercan al hospital una mami joven y su hija adolescente. Tiene 13 años. “Hemos sabido que aquí se hacen exámenes para VIH”. La consejera les recibe. Hablan un ratito largo. Comparten vida. Finalmente madre e hija, se pinchan la prueba. Somos nuevos en estos menesteres, empezamos hace un mes. Esta vez, ha sido la primera, el test rápido de la joven resulta reactivo. Se repite con otro método, aun queda la esperanza de error. De nuevo lo mismo.
La vida en el campo, en estos lugares pobres y aislados es muy dura. En una casa de pocos metros conviven a veces 8, 10 personas, si no más. La distancia a la casa más próxima es grande. No hay luz. No hay agua. El día a día se consume mirando por una ventana, la siembra, las gallinas, lavar la ropa...ir a por el agua. La mujer es de la casa y ayuda en el campo. La mujer es para los hijos que hasta hace pocos años, igual no tenían escuela cercana a la que ir, ni quien les enseñara otra cosa que a vivir.
A los 11 años un hombre mayor, empezó a hacerle regalos y otras cosas. Luego “me hizo suya”. Desde entonces la encerró en su casa. No permitía que hablara con nadie. ¿Quién iba a ir hasta allá? Quizá pasaban por los lindes de la casa para cultivar sus tierras. Quizá sabían, pero esas cosas no se comentan. Su mamá abandonada por el esposo y tenía nuevo compromiso. Consintió que su hija viviera (¿?) de aquel modo.... Allí concibió y nació su hijo, su esperanza
El hombre murió flaco. “Algo tenía al hígado y a los pulmones”. Ella le cuidó, porque aunque había sido mujeriego, a ella le fue fiel.
En la consejería hay dolor. ¿Cómo informamos a una niña - madre de 13 años?. Cuando vamos a hacerlo, a solas nos ha contado su historia. La cosa sigue. Ahora su mamá la tiene cuidando a otro nuevo hermanito. Le amenaza con dar a su hijo a alguien. Le pega. Ella quiere trabajar. Pide a los vecinos 1 dolarcito y lo va escondiendo para tener para marcharse un día con su hijo. No sabe dónde. A trabajar. Tiene una hermana en Guayaquil de la que no sabe en los últimos 4 años, pero tratará de buscarla...allí estará cerca para hacerse los controles.
¿A quien quieres que le contemos lo que te pasa? A nadie. Yo sola puedo. Lo otro será peor. Si mi hijo está bien, yo tengo que luchar para que crezca de otra manera... Dicen que la comunidad es buena, que allí se hace trabajo con los compañeros y de ahí se ahorra... Quizá allí se lo cuente a alguien.
En Ecuador el número de personas contagiadas por el VIH, es desconocido en muchas zonas. Los números no son reales, al menos en el campo. Algunas empresas bananeras, tienen su propio fondo para ayuda a los trabajadores seropositivos. Son bastantes. La mayoría de casos diagnosticados son de transmisión heterosexual. Las mujeres son las más perjudicadas...
Historia enviada por Maite Labayru desde Ecuador.
Hay centenares, miles de historias como esta por el mundo. Y yo me pregunto: ¿cómo puedo vivir tan tranquila, disfrutando de tantas cosas, cuando todavía existen estas infamias?. Pero lo peor es que seguiré viviendo bastante tranquila y disfrutando de muchas cosas y sin hacer nada por remediarlo. ¡¡Qué vergüenza!!

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